Está en boca de todos. La nueva imagen de la red social Twitter propiedad de Elon Musk está dando mucho que hablar, aunque en la mayoría de casos no precisamente para bien. Y es que, aunque como se suele decir «el libro de los gustos está en blanco» hay ciertas normas básicas en (re)diseño de imagen corporativa que tienen un sentido y un propósito, más allá de nuestras obsesiones personales con ciertos colores, o, como es el caso, más allá de la obsesión de Musk con la letra «X».

Lo primero que me sugiere la nueva imagen de Twitter al acceder al su plataforma es «cerrar ventana»

Así es. Aunque parezca un chiste lo primero que me ha sugerido la «X» de twitter al acceder a su plataforma es «cerrar ventana». Y esto no significa que esta pulsión inconsciente vaya a llevar al público en general a abandonar twitter, no, pero como comienzo no es nada alagüeño, ¿no?.

Lo que dicen…

Resulta curioso encontrar todo tipo de artículos y post hablando (largo y tendido) sobre la nueva imagen comercial de twitter en los que se trata el cambio de imagen como «revolución»,  con titulares tan disparatados como «Musk revoluciona twitter», que traducido al ámbito del diseño de marca vendría a significar: «Musk, que no tiene ni idea de diseño, impone su obsesión por la letra X sin aportar el propósito, la dirección o el sentido verdadero del cambio».

Por otro lado y sin entrar todavía en demasiados detalles, esta involución creativa parece obedecer a un típico caso de «aquí se hace lo que yo digo, que para eso soy el jefe».

El naming

La supuesta revolución de Twitter no afecta solo al aspecto estético de la gráfica, sino que rompe totalmente con la historia de la marca sustituyendo el nombre y reduciénlo a una sola letra que, para más inri, simboliza lo indeterminado, lo que no está definido, lo que esconde algo, o como se define en álgebra: la incógnita que hay que resolver. En este sentido hay que recordar que una marca, como otras muchas cosas en la vida, se define en gran parte por su historia. El presente se asienta en el pasado para proyectarse al futuro, de forma que borrar radicalmente la historia de twitter supone una ruptura drástica con sus raíces que, en última instancia, puede crear desconfianza y recelo hacia la marca.

Hay infinidad de ejemplos de cambios en los logos y en las marcas de grandes empresas, pero por lo general estos cambios siempre se han realizado de forma gradual, conduciendo «dulcemente» al público en el tránsito y, sobre todo, respetando la historia de la marca. Esto es así porque la solidez de una marca se basa precisamente en eso, en proyectar un cierto halo de continuidad dentro de la flexibilidad y de la adaptabilidad. Lo que hace Musk es crear algo que presume nuevo sin respetar la base, las raíces, por lo que hay una ruptura que, además, no obedece a priori a ninguna razón consistente, más allá de las propiamente razones egocéntricas de su dueño.

 

 

La «X» por su parte no se sabe exactamente qué valores puede expresar, más allá de lo indeterminado, lo oculto, lo que no está claro…

 

La gráfica

Por si fuese poco (todo lo anteriormente comentado) Musk, el pionero, elimina el famoso pájaro tuitero para sustituirlo por una «X» que según el caso puede recordarnos al logo de un canal porno, o a una sociedad secreta al más puro estilo «V de Vendetta». Lo único genuino en este cambio es la capacidad del sujeto -Musk- para pasarse por el forro los consejos y súplicas de sus asesores de imagen para hacer exactamente lo que le da la gana.

Qué duda cabe que el famoso pájaro de twitter es un icono más que amigable, intensamente relacionado con lo que se supone que debe ser una red social: compartir, interactuar, exponer, expresar… La «X» por su parte no se sabe exactamente cuáles de estos valores puede expresar, más allá de lo indeterminado, lo oculto, lo que no está claro…

El problema de fondo…

Si bien no me equivoco y atendiendo a ciertos artículos especializados sobre el tema, Elon Musk se lanzó a comprar Twitter en un impulso megalómano y prepotente para luego descubrir que su inversión -en lo económico- había sido poco más que un desastre. Se dice que una vez adquirida la empresa se puso de relieve la inviabilidad económica de la misma y que de querer venderla las pérdidas serían millonarias. Por todo ello imagino que en aquel momento la pregunta clave sería ¿qué hago yo ahora con esto?

En resumidas cuentas, tras una inversión desastrosa en un medio desconocido para el empresario y ante la imposibilidad de poder quitarse el «muerto» de encima sin asumir pérdidas millonarias el multimillonario optó por el camino más acorde a este tipo de personalidades: «Twitter es mío y hago con él lo que quiero»…

José Luis Villalonga. Diseñador freelance y desarrollador web.

www.unamentemaravillosa.es

Pin It on Pinterest

Share This